Familia Martínez Vaca
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Familia
Martínez Vaca

Una familia. Una enfermedad rara. Autismo.
Y muchas cosas que nadie te explica cuando empieza todo.

Esta es nuestra historia. Sin adornos.

contacto@martinezvaca.com

Todos tienen sueños.

No todos tienen las mismas oportunidades.

No sé si tienes hijos.

Pero los tengas o no, esto lo vas a entender perfectamente.

Hazle una pregunta a un niño:

¿Tú qué quieres ser de mayor?

Policía, para pillar a los malos.
Médico, como mamá.
Taxista, como el abuelo.
Futbolista, como Toni Kroos.

Ahora hazle exactamente la misma pregunta a un niño con discapacidad intelectual o TEA.

¿Sabes qué ocurre?

Que las respuestas son las mismas.

Porque ellos también imaginan.

También hacen planes.

También quieren ser mayores.

También tienen sueños.

¿Van a conseguir todos los niños ser aquello que soñaban cuando tenían ocho años?

Probablemente no.

Y no pasa absolutamente nada.

Nuestros sueños cambian mientras crecemos.

Lo que sí pasa —y pasa mucho— es que un niño quiera aprender, probar, equivocarse y descubrir hasta dónde puede llegar…

y nosotros decidamos de antemano que no puede.

Que ni siquiera tenga la oportunidad de intentarlo.

Ahí sí pasa algo.

Porque muchas veces el problema no está en lo que un niño puede o no puede hacer.

Está en las oportunidades que encuentra por el camino.

Y en los apoyos que ponemos a su alcance.

Nosotros hemos decidido crear oportunidades.

Somos una familia.

No somos terapeutas.

No somos médicos.

No tenemos todas las respuestas.

Pero convivir cada día con la discapacidad nos ha enseñado algo:

nuestros hijos no necesitan que decidamos constantemente hasta dónde pueden llegar.

Necesitan que les demos herramientas.

Que eliminemos barreras.

Que estemos a su lado cuando lo necesiten.

Y, sobre todo, que les demos la oportunidad de intentarlo.

Eso significa muchas cosas.

Oportunidad de aprender a su ritmo.
Con los apoyos que necesiten y sin hacerles sentir que valen menos porque necesiten más tiempo que otros.

Oportunidad de tener amigos.
De quedar con ellos, jugar en un parque, ir a un cumpleaños o marcharse algún día de campamento.

Oportunidad de pertenecer.
De entrar en un colegio, una actividad o cualquier otro lugar sin sentir que son «el diferente». Sin ser señalados. Sin sufrir bullying.

Oportunidad de demostrar lo que sí saben hacer.
Porque resulta demasiado fácil hacer una lista de las cosas que una persona no puede hacer. Nosotros preferimos descubrir todo aquello que sí puede.

Oportunidad de ser escuchados.
Aunque se comuniquen de otra manera. Aunque necesiten más tiempo. Aunque a veces resulte más difícil entenderlos.

Oportunidad de ser ellos mismos.
Sin pasar la vida intentando convertirlos en otra persona para que encajen mejor en el mundo de los demás.

Quizá también podamos hacer algo al revés:

conseguir que el mundo aprenda un poco a adaptarse a ellos.

Y hay otra oportunidad de la que se habla mucho menos.

La oportunidad de ser una familia.

Una familia que pueda ir a tomar algo a un bar.

Salir a cenar.

Ir a la playa.

Viajar.

Reírse.

Hacer planes.

Improvisar alguno.

Y disfrutar juntos sin tener que pedir disculpas porque uno de nuestros hijos necesite hacer las cosas de otra manera.

Porque detrás de cada niño que necesita apoyos también hay padres, hermanos, abuelos y personas que caminan a su lado.

La inclusión no puede terminar en la puerta del colegio.

Tiene que llegar a la calle.

Al parque.

Al deporte.

Al ocio.

Al trabajo.

Y a la vida.

No sabemos qué serán nuestros hijos cuando sean mayores.

Ni queremos decidirlo ahora.

Puede que alguno consiga exactamente aquello con lo que soñaba de pequeño.

Puede que descubra algo completamente diferente.

Eso ya lo veremos.

Nuestra responsabilidad ahora es otra:

que cuando llegue el momento de descubrir hasta dónde pueden llegar, nadie haya decidido el límite por ellos.

Para eso nace este proyecto.

Para crear oportunidades.

Para buscar apoyos.

Para derribar algunas barreras.

¿Quieres saber cómo lo hacemos?

Nosotros tampoco teníamos un manual.

Hemos ido aprendiendo. Probando. Equivocándonos. Volviendo a probar.

Y seguimos haciéndolo cada día.

Si tienes una familia parecida a la nuestra, si necesitas apoyos, si quieres compartir tu experiencia o simplemente quieres saber cómo intentamos crear esas oportunidades:

escríbenos.

Quizá podamos ayudarte.

Y quizá tú también puedas enseñarnos algo a nosotros.

contacto@martinezvaca.com

Y para recordar algo tremendamente sencillo que a veces se nos olvida:

Primero son niños.
Después viene todo lo demás.